En la actualidad existen tres lugares en el mundo donde los hombres superan fácilmente los 100 años: Unza, en Pakistán; Vilcabamba, en Ecuador y Abjasia, una región próxima a Rusia. La tierra de los Hunzas se encuentra situada entre China e India, zona que actualmente pertenece a Pakistán, y se le ha dado el nombre de Valle de la eterna juventud. En ese lugar paradisíaco, los infartos, el cáncer, la hipertensión y todas las enfermedades causadas por el modo de vida moderno no tienen lugar. No hay neuróticos ni criminales y la mayoría de sus habitantes conservan un perfecto equilibrio entre cuerpo, mente y espíritu.
Los Hunzas habitan casas de piedra en aldeas situadas a una altura de 1600 a 2500 msnm. Es la tierra de justo lo necesario, ya que sólo se produce lo que sus habitantes desean, recolectando sus cosechas, caminando todo el día en medio de la montaña. Todo esto garantiza un perfecto estado físico y mental. Pero además existen determinadas características culturales que hacen que la longevidad sea también el resultado de una forma de vida. A diferencia de nuestro mundo, para estos pueblos no existe una noción específica para viejo. Por ejemplo, la palabra que tienen los abjasios para designar a un anciano se puede traducir como persona de larga vida.
Además la gente mayor es muy respetada. Los niños se educan con determinada disciplina desde muy pequeños. Por ejemplo, se los amamanta con el pecho en la cuna, es decir, no hay transmisión de la afectividad como en nuestra cultura. El chico tiene de esta manera una percepción distinta de los límites. Todo esto crea una forma de vivir, una disciplina de vida que, junto a la dieta y la actividad física cotidiana, tiene como resultado la existencia de los seres humanos más longevos del planeta.
1. Viven en las montañas
2. Estan aislados de la corriente de vida moderna.(No tienen contacto con bacterias o virus que podrían provocar diversas enfermedades. No tienen estrés)
3. Confieren un estatus elevado a los ancianos y les permiten participar plenamente en la comunidad. (Esto los hace sentirse útiles siempre y no hasta cierta edad).
4. Sus vidas cotidianas exigen constante actividad de resistencia. Prácticas domésticas y agrícolas que se realizan durante toda la vida a una altura promedio de 2000 metros).
5. Comen ligeramente, con dietas que incluyen poco o nada de carne.
(Al no abusar, no sufren ninguna de las enfermedades derivadas del consumo excesivo de grasa animal, como la arterioclerosis o dolencias coronarias).
Contra la ingestión diaria de 3300 calorías del hombre común, las dietas de los naturales de Vilcabamba y de Hunza son muy similares entre sí y sustancialmente inferiores en cantidad. Un estudio del Departamento de Agricultura de Estados Unidos recomienda para los adultos de todas las edades una ingestión diaria de 3300 calorías distribuidas en 100 gramos de proteínas(carnes), 157 gramos de grasas y 380 gramos de carbohidratos(cereales y granos enteros).
En los naturales de Vilcabamba consumen sólo la tercera parte de proteínas que un hombre urbano, la décima parte de grasa y una menor cantidad de carbohidratos. Todos los habitantes de estas regiones comen relativamente poco, sólo ingieren alimentos de su propia cosecha, tales como verdura fresca, productos lacteos y grano integral; como ya hemos dicho, comen poca carne y en especial frutas: duraznos, melón manzanas, uvas, peras, cerezas y moras.
Beben el agua que proviene de los glaciares o manantiales y suelen comer la verdura cruda. También se alimentan con mucho pan, que contiene todas las sustancias nutritivas del grano integral. Normalmente llevan una bolsita con cereales o un pedazo de pan que acompañan con unos duraznos frescos o secos, ya que conocen el potencial energético de las frutas disecadas.
Estos grupos humanos sólo comen dos veces al día, manera que el estómago no sufre constantemente por estar demasiado lleno, de la misma manera tampoco suelen mezclar varios alimentos evitando así las incompatibilidades químicas. En relación a la actividad física que desarrollan estos pueblos, se ha podido apreciar que las tradicionales prácticas domésticas y agrícolas, que requieren trabajo pesado, son realizadas por los hombres y mujeres desde la infancia hasta los últimos días de sus vidas.
Al trabajo agrícola habitual se agrega el terreno montañoso donde se asientan estos pueblos. El andar por las montañas a pie durante las actividades diarias hace que mantengan un alto grado de aptitud cardiovascular, además del tono muscular general.
Obviamente, ni los Abjasios, ni los Hunzas, ni los habitantes de Vilcabamba se preocupan por seguir una rutina de ejercicios. Estar a unos 2000 metros de altura sobre el nivel del mar y pasarse todo el día caminando y realizando tareas de recolección de alimentos reemplaza a la mejor rutina de gimnasio. Esta es una de las características más trasladables del modo de vida de estos pueblos.
En una ciudad no es posible caminar en la mañana, pero sí podemos desarrollar una actividad física que ponga a punto nuestro cuerpo. Caminar, nadar, correr o cualquier deporte pueden sacarnos de la vida sedentaria que nos propone el mundo de hoy.
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Los Hunzas habitan casas de piedra en aldeas situadas a una altura de 1600 a 2500 msnm. Es la tierra de justo lo necesario, ya que sólo se produce lo que sus habitantes desean, recolectando sus cosechas, caminando todo el día en medio de la montaña. Todo esto garantiza un perfecto estado físico y mental. Pero además existen determinadas características culturales que hacen que la longevidad sea también el resultado de una forma de vida. A diferencia de nuestro mundo, para estos pueblos no existe una noción específica para viejo. Por ejemplo, la palabra que tienen los abjasios para designar a un anciano se puede traducir como persona de larga vida.
Además la gente mayor es muy respetada. Los niños se educan con determinada disciplina desde muy pequeños. Por ejemplo, se los amamanta con el pecho en la cuna, es decir, no hay transmisión de la afectividad como en nuestra cultura. El chico tiene de esta manera una percepción distinta de los límites. Todo esto crea una forma de vivir, una disciplina de vida que, junto a la dieta y la actividad física cotidiana, tiene como resultado la existencia de los seres humanos más longevos del planeta.UN SECRETO CENTENARIO
Al encontrar tres áreas del mundo donde los hombres y mujeres viven rutinariamente más de 100 años, los científicos se han dedicado a investigar estos grupos y tratar de evaluar los rasgos que tienen en común. Se llego a las siguientes conclusiones:1. Viven en las montañas
2. Estan aislados de la corriente de vida moderna.(No tienen contacto con bacterias o virus que podrían provocar diversas enfermedades. No tienen estrés)
3. Confieren un estatus elevado a los ancianos y les permiten participar plenamente en la comunidad. (Esto los hace sentirse útiles siempre y no hasta cierta edad).

4. Sus vidas cotidianas exigen constante actividad de resistencia. Prácticas domésticas y agrícolas que se realizan durante toda la vida a una altura promedio de 2000 metros).
5. Comen ligeramente, con dietas que incluyen poco o nada de carne.
(Al no abusar, no sufren ninguna de las enfermedades derivadas del consumo excesivo de grasa animal, como la arterioclerosis o dolencias coronarias).
ALIMENTACION AJUSTADA A LA VIDA
En el intento por descubrir la fórmula mágica de la vida eterna, los científicos han estudiado a fondo los tres grupos de pueblos longevos y dos de los elementos más interesantes, al final hallaron que es poca cantidad de calorías que consumen en sus ingestas diarias y la actividad física que desarrollan.Contra la ingestión diaria de 3300 calorías del hombre común, las dietas de los naturales de Vilcabamba y de Hunza son muy similares entre sí y sustancialmente inferiores en cantidad. Un estudio del Departamento de Agricultura de Estados Unidos recomienda para los adultos de todas las edades una ingestión diaria de 3300 calorías distribuidas en 100 gramos de proteínas(carnes), 157 gramos de grasas y 380 gramos de carbohidratos(cereales y granos enteros).
En los naturales de Vilcabamba consumen sólo la tercera parte de proteínas que un hombre urbano, la décima parte de grasa y una menor cantidad de carbohidratos. Todos los habitantes de estas regiones comen relativamente poco, sólo ingieren alimentos de su propia cosecha, tales como verdura fresca, productos lacteos y grano integral; como ya hemos dicho, comen poca carne y en especial frutas: duraznos, melón manzanas, uvas, peras, cerezas y moras.
Beben el agua que proviene de los glaciares o manantiales y suelen comer la verdura cruda. También se alimentan con mucho pan, que contiene todas las sustancias nutritivas del grano integral. Normalmente llevan una bolsita con cereales o un pedazo de pan que acompañan con unos duraznos frescos o secos, ya que conocen el potencial energético de las frutas disecadas.Estos grupos humanos sólo comen dos veces al día, manera que el estómago no sufre constantemente por estar demasiado lleno, de la misma manera tampoco suelen mezclar varios alimentos evitando así las incompatibilidades químicas. En relación a la actividad física que desarrollan estos pueblos, se ha podido apreciar que las tradicionales prácticas domésticas y agrícolas, que requieren trabajo pesado, son realizadas por los hombres y mujeres desde la infancia hasta los últimos días de sus vidas.
Al trabajo agrícola habitual se agrega el terreno montañoso donde se asientan estos pueblos. El andar por las montañas a pie durante las actividades diarias hace que mantengan un alto grado de aptitud cardiovascular, además del tono muscular general.

Obviamente, ni los Abjasios, ni los Hunzas, ni los habitantes de Vilcabamba se preocupan por seguir una rutina de ejercicios. Estar a unos 2000 metros de altura sobre el nivel del mar y pasarse todo el día caminando y realizando tareas de recolección de alimentos reemplaza a la mejor rutina de gimnasio. Esta es una de las características más trasladables del modo de vida de estos pueblos.
En una ciudad no es posible caminar en la mañana, pero sí podemos desarrollar una actividad física que ponga a punto nuestro cuerpo. Caminar, nadar, correr o cualquier deporte pueden sacarnos de la vida sedentaria que nos propone el mundo de hoy.
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No, seguramente pensaría que todavía le falta más de la mitad. ¿Por qué no pensar lo mismo de nuestra vida?: al cumplir los cuarenta años apenas hemos hecho la mitad del recorrido. Y lo que resta puede ser tan bueno o mejor que lo anterior."

















